XXXV: «Descensus ad inferos»: Kundalini invertida

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La Kundalini Invertida representa un vector energético que opera en una dinámica fundamentalmente distinta al circuito ascendente tradicional gnóstico, el cual busca la integración de los centros superiores y la liberación consciente, el control rúnico de esa fuerza ( expresada en fuego Vraja y su destilado Vril) para ser enseñoreada desde la consciencia y arrebatada de la mano de las fuerzas de control.

Esta fuerza, mal llevada y asociada a la polarización material extrema (1), ejecuta un proceso descendente o serpentino invertido que impacta directamente sobre la estructura del huevo áurico. Esta operación se inicia mediante la inversión compulsiva del flujo energético—en lugar de elevarse desde la base hacia la corona para purificar los centros, el vector es forzado a girar en contra de su inercia natural, un fenómeno típicamente estimulado por prácticas de descarga sexual mecánica, obsesión erótica desvinculada de la conciencia, prostitución ( consumida o protagonizada) o interferencias que manipulan el chakra raíz y sacro ( objetos sexuales , experimentos, etc).

Esta dinámica provoca primero una «succión» del centro base: el canal central deja de irradiar hacia afuera para convertirse en un sumidero de vacío que arrastra la energía vital de los cuerpos superiores (mental y astral) hacia los centros inferiores, generando un agotamiento crónico a pesar de la hiperestimulación. Paralelamente, esta tensión genera una distorsión asimétrica del campo áurico, haciendo que el huevo se densifique en su base con escombros astrales o cargas densas, mientras que su parte superior se debilita por falta de sustento; este desequilibrio da lugar a la creación de microfisuras—o fugas energéticas constantes—ya sea por la descarga sexual mecánica o al uso de energía creativa como combustible para entidades parasitarias del bajo astral, síntomas manifestados en fatiga crónica , vulnerabilidad inmunológica y espiritual , además de envejecimiento prematuro sumado a una perdida de las facultades cognitivas, sobre todo en el género masculino.

Finalmente, esta disrupción culmina en un bucle parasitario: la Kundalini invertida instrumentaliza la sexualidad densa como acelerador de partículas, generando una descargas masiva de «fuego material ciego» que no nutre el Ser, sino que se derrama fuera del huevo áurico para alimentar estructuras parasitarias ctónicas.

De este modo, el sujeto queda atrapado en un ciclo vicioso donde la necesidad de más estímulo sexual solo profundiza su dependencia y debilita aún más su estructura vital, lo cual subraya la importancia de comprender esta dinámica para identificar cuando el potencial soberano del ser ha sido secuestrado como una batería biológica para mantener activo un campo de control externo.

(1) En la sociedad Occidental actual, 2026, puede comprometer a más del 90% de la poblacíón . Estamos en el Kali Yuga,

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