XXXII: » Descensus ad Inferos»: Brujas e infantes

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Las meigas gallegas, las brujas pirenaicas o vascas (sorginak), y los nahuales de Mesoamérica representan variantes locales de una misma arquitectura de depredación chamánica fundamentada en el pacto con el inframundo.

Si bien el nagual mesoamericano se orienta al arquetipo zoomorfo — ver anterior entrada —, la meiga ibérica emplea tácticas más sutiles: la infiltración doméstica, el uso de ungüentos derivados de solanáceas (como los «ungüentos de vuelo» a base de estramonio, belladona y grasa animal), la manipulación climática (destrucción de cosechas o granizo) y el control social mediante el chismorreo, el mal de ojo, propagación de plagas y la magia simpática de contacto. Ambas tradiciones son ramas del mismo tronco: servicios humanos operativos como peones dentro de las ciudades umbralinas.

En este contexto, emerge uno de los aspectos más oscuros y consistentemente documentados, tanto en registros inquisitoriales como en anales profundos, referente a su especialización en la absorción de energía infantil. (1)

Este proceso se basa en el hecho de que un bebé durante sus primeros años posee un campo áurico excepcionalmente puro: altamente luminoso, maleable y con una vibración de altísima frecuencia, ya que está conectado directamente a la fuente estelar antes de que el velo de la personalidad se sature con los patrones programados por la Matrix. Las brujas de este linaje sabían, gracias a la transmisión de sus egrégores, que esta energía vital —la denominada «loosh blanco» o energía primordial no corrompida— constituía el tónico definitivo para retrasar su propio envejecimiento, recargar estructuras astrales parasitadas y nutrir las entidades con las que dependían.

De ahí descienden las leyendas del «chupasangre» o el mal de ojo letal: estas meigas podían arrebatar la energía sutil mediante miradas fijas en rituales nocturnos, causando muertes de cuna inexplicables o consunciones repentinas (donde el bebé se iba secando sin causa médica aparente). Por lo tanto, su especialidad no era necesariamente el canibalismo físico, sino un vampirismo más sutil y de altísima pureza infantil.

(1) Cuiden a sus bebés y niños pequeños en especial si manifiestan habilidades psi precoces.

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